Artículos

Como un niño

Estoy enamorado como un jovencito.
No se el regalo que mi Amante me reserva hoy,
no puedo preverlo en su infinito dar.
Y alegre, torpe y juguetón, como un niño,
me mantengo en un gozoso, pacífico y totalmente seguro
sentimiento de expectación,
¿cual será la sorpresa del Amor?

cun 1

Expectación sin tensión, sin expectativa,
atención presente y agradecida
en lugar de anticipación desconfiada.
Lo único que sé de mi Amado,
es que no tiene límites,
no se piensa, no se puede conocer,
por palabras ni recuerdos,
sino solo por su regalo: el presente.

Estoy dispuesto
a la eternamente nueva experiencia
de vivir lo desconocido
en mi mismo conocer,
mi conciencia es mi corazón.

Soy un novato del amor,
un absoluto principiante,
pues acabo de nacer al ahora
justo ahora,
soy un recién nacido
por siempre dispuesto,
con deseo incondicional,
a la Vida que vive a través de mi.

cun 3

Aquí estás!
Ahora eres! Siempre ahora, siempre aquí,
sin duda y sin reservas,
estás aquí
dándome tu eterna bendición
para que el receptor de todos los regalos,
Tú, Él, Nosotros, Todos como Uno,
Yo
los exprese con gratitud.

En cada oleada de expansión
alcanzo a cada aparente «tu»,
y desde ahí sigo extendiéndome,
pero es entonces que siento tu sonrisa,
tu suspiro, tu paz y tu liberación,
mi querido hermano,
luz de mi luz, expresión de mi mente,
te siento como un soplo de viento fresco,
como la sonrisa abierta de un niño,
en mi corazón,
o tal vez, un simple recuerdo de tu verdad
sin forma ni tiempo ni espacio,
ni palabra capaz de confundirme.

Y sigues expandiéndote,
mas y más, mucho más allá
de las formas de este mundo,
más allá de todo lo que puedas recordar
más allá de todas tus imaginaciones,
hasta que te expandes en la misma expansión
y te compartes en el mismo compartir,
te ríes en la misma risa de Dios,
en la mismísima realidad
de tu totalidad sin límite.

cun 4

Y tu, querido hermano,
estás aquí, donde siempre has estado,
en el centro de mi corazón,
te siento…
«aquí» se hizo extenso a «todas partes»,
en todos los centros de tu totalidad,
te siento desde aquí…
…aun percibiendo límites, formas y cuerpos.
Entonces me conozco como siempre fui
como un niño jugando,
a salvo y feliz,
estoy en la eterna Unidad por siempre.
Por fin te conozco, mi querido hermano.

cun 2

Jorge Lomar (mayo 2015)

En este momento está mi felicidad

En este momento está mi felicidad.
Sin atadura alguna,
sin pensamiento exigente,
ni recuerdo carente,
sin temerosa espera,
en este momento habita mi libertad.

Y toda alegría surge de mi centro.
En este momento, aquí y ahora,
siento mi felicidad.

No sujeto nada,
ninguna idea,
ningún nombre,
ninguna forma,
ninguna relación,
ninguna atadura.
Nada.

En este momento,
sin duda alguna
está mi felicidad.

esemf2


Enfoque extraído del libro Corazón Radiante (Jorge Lomar)

Miedo y control

El miedo se activa, se representa, se obedece y se expresa con el control.
Esta es la acción mental que en Oriente se llama «karma»,
la acción del personaje, la actividad ilusoria
que responde a la falsa sensación de carencia.
Observa el control en tu mente,
hasta que lo comprendas.

myc 1

 

Del control surgen la rabia y el enfado.
Toda rabia y toda lucha
está hecha de tu fuerza contra «otra fuerza»,
tu voluntad contra «otra voluntad»,
lo que tu quieres contra lo que aparece,
consciente contra subconsciente.
Tu contra tu proyección.
En la ira experimentas la lucha contra ti mismo.
Sin control no es posible la ira,
pues en el control se refleja tanto
la soledad en la que crees
como el ataque que crees haber recibido.
Sin energía mental dispuesta para la defensa del personaje,
no hay rabia posible, ni lucha creíble.
Tu puedes retirar esa falsa defensa del control ahora.
Puedes soltar ya.
Solo confía en la Inteligencia y siente tu libertad.

Si deseas controlar, deseas ser controlado
Ni el control ni la ira dan fruto,
es un camino sin salida,
lucha contra lucha,
yo falso contra yo falso,
un bucle circular de queja,
una pataleta, una rabieta de un niño que no ve salida,
expresión de sufrimiento,
exaltación del miedo,
frustración por intentar de lo imposible:
controlar tu contradicción.
No puedes ser feliz y creerte solo.
No puedes ser feliz en conflicto con tu Ser.
No puedes ser feliz sin ser Quien eres.
No hay nada que retener.
Nunca controlas nada.
Si deseas controlar,
deseas ser controlado.
No hay nadie que tenga éxito y fracaso.
Estás en el Ser eternamente
y el mundo que ves, simplemente está para ti,
para que internamente elijas
si quieres más de lo mismo o…
ya.

Un mundo al revés. ¿Más de lo mismo o ya?
¿Ya es momento de amar?
¿Ya es momento de ser Quien realmente Eres?
Ya.
Una experiencia, un sentir, un regreso.
La paz de soltar.
La luz de tu Ser.

Práctica interna: Responder

Cada vez que sienta una perturbación emocional, una punzada de dolor, un acceso de ira, un vacío profundo,
estoy recibiendo un valioso aviso de mi interior:

responder

Una forma de culpa se está dejando ver en el consciente,
una forma de culpa en donde he invertido creencia, y por tanto, mi energía emocional,
una forma de culpa a la que he dotado de vida inconscientemente.

Respiro. Siento la señal. No temo sentir, no puede hacerme nada. Reconozco la señal como
un símbolo, como una indicación. No permito que el pensamiento me lleve afuera, al
terreno en donde los engaños siembran el miedo, allá donde se pierde la atención:

Si es sufrimiento es culpa, y si es culpa, es falso.

*

Es momento de responder:

Soy absolutamente inocente. No tengo nada que temer. Acepto lo que es.

*

Y ahora ábrete al Ser totalmente. Reconoce y siente justo ahora que estás con la Vida,
con el Ser, con el Todo.

Estás en mí.
Te siento, te reconozco.

*

Libera toda tensión en tu cuerpo. Respira y siéntete totalmente inocente y unido.

Extiéndete. Deja que toda la situación se incluya en tu conciencia, todo tu entorno, todas

las personas que participan de esta situación. Responde ahora unido al Ser:

Acepto lo que es.

Este momento es inocente.

Este momento es totalmente correcto.

Todos son inocentes. Todos están en mí.

*

Permítete ser totalmente sanado.

Deja que toda la culpa sea reemplazada por tu perfecta aceptación de este momento.

Me permito ser totalmente amado. Soy uno con la vida.

*

Ahora abrete a contemplar la situación y el momento totalmente perdonado. Siente la

profundidad del proceso y da gracias por el milagro que has invocado.

Reconoce conscientemente el reemplazo de la culpa por la aceptación tal como la ilusión

ha sido borrada por la verdad. Has respondido, y has sido respondido.

Gracias, gracias, gracias.

El colapso del tiempo

El instante sagrado

Al unirte a tu Ser en tu conciencia, el tiempo se colapsa. Deshaces tu aferramiento al tiempo, que representa tu inversión en la separación.
El tiempo simboliza la separación entre causa y efecto. Sirve para hacerte creer que el pasado de la otra persona lo define, y por tanto, no puedes evitar sentirle como le sientes. Le ves herido, o le ves culpable, o le ves inconsciente, por qué crees en el tiempo, crees en tu pasado, en el suyo, crees en el pasado que tú mismo subconsciente te está proyectando ahora mismo.

colapso

Libérate uniéndote a la luz del corazón radiante. Pues esa luz proviene de tu Ser, de la eterna verdad, y compartiéndote con ella, colapsas ahora mismo el tiempo al entregarte al absoluto presente.

El colapso del tiempo lo sientes como una profundamente sensación de libertad e inocencia, tan refrescante como si tu mente pudiera volar de repente tras largos años sin hacerlo. Y cada vez que lo sientas será nuevo, aportándote una gota de sabiduría tan eterna como tú, pero que llega a tu conciencia totalmente fresca, declarando la total inocencia del otro así como la tuya propia, pues sólo sois uno en relación.
La creación se hace en tu interior.

*

Resucitas al presente.

*

La trampa del tiempo
La trampa del tiempo es el victimismo básico de la creencia en la herida. Si crees en el tiempo, crees que el pasado te define, que la memoria te da la identidad, entregas al subconsciente todo el poder para responder a la pregunta “¿Quién soy?”. Y te contesta, diciéndote que eres un juzgador, un guerrero o una víctima, tal vez un reparador de lo herido o un héroe del sufrimiento, pero sea cual sea el papel que te asigna, siempre está en relación a una herida real. Porque para el programa, tu separación es real, y por tanto, la herida es real.
Todo victimismo es un efecto de tu entrega al programa basado en el tiempo. Entonces, el pasado parece la causa del presente, totalmente separada del poder de tu presencia, una causa separada de ti aquí y ahora, de tu poder mental, de tu libertad. El pasado representa el poder del subconsciente sobre el ahora de tu conciencia.
El pasado es el cimiento de tu falso yo. Y tu falso yo ha de desarrollarse en un futuro de ilusiones programadas por tu pasado. Sólo en el futuro parece aguardar la reparación de las heridas que ya has considerado reales al escuchar al pasado. Pero, como es un truco, el futuro finalmente no es más que una proyección del pasado, un pasado en el que la forma cambia, pero no el contenido, la herida misma representándose de todas las formas que hemos visto.
Es falso, es una ilusión, un sueño. Este instante es absolutamente independiente de todas las memorias. Porque eres mente, eres libre.

*

No hay pasado ni futuro, sino que tu existes ahora mismo, aquí, en el sentir de tu corazón, eres conciencia aquí y ahora, uniéndote al Ser y colapsando toda separación entre causa y efecto.

*

No hay pasado y futuro. Por tanto, no hay un tú y ni un yo.
Colapsar causa y efecto
Por tanto, al colapsar el tiempo, también experimentas un colapso de causa y efecto.
Primero se colapsa el subconsciente y el consciente en mi mente, al entregarme totalmente al presente y unirme a la luz de mi Ser. Las aparentes causas del ahora que en mi misma mente, a nivel subconsciente, he fabricado para ver la separación, se disuelven ante mi entrega al eterno ahora en donde está la presencia del Amor, mi Ser. Entonces se deshace el poder del pasado sobre el ahora, comienzo a experimentar la liberación. Mi corazón se libera. Amanece la luz. Pues en el ahora habita el Yo real, amoroso, libre y puro, sin pasado ni futuro, inocente e inofensivo, tal como es.
Al colapsarse el tiempo y las falsas causas, se deshace el miedo y desparece la herida. Entonces se colapsa también la distancia entre el otro y yo. Se colapsa el espacio. Experimento al otro como una expresión mía, de mi propia mente, y por fin le reconozco. El otro es lo que yo soy. Le veo en total libertad e inocencia, pues ya no hay herida que nos separe. Él soy yo, el Ser en relación, una misma mente, una misma Vida.

*

Y todo ello es posible porque se colapsa la separación entre Dios y yo, entre mi Causa verdadera y la experiencia presente, entre el Ser y mi conciencia de mí mismo.

*

Me uno ahora a mi Causa, comprendiendo por fin que creación y creador son el mismo. Experimento que no hay separación. Siento el Amor en mí.

*

Y este es el nuevo aprendizaje en su plena expresión. Pues el amor se ha revelado en mi corazón, en mi conciencia. Al experimentar la presencia del amor en mi interior, es imposible no comenzar a verlo en todas partes.

 

Extraído del libro Corazón Radiante (Jorge Lomar)

Eres inocente, soy inocente.

Veo un mundo inocente.
Eres inocente.
Soy inocente.
Veo un mundo inocente.

El ataque solo estuvo en mi mente,
igual que el miedo.
La culpa es un sueño.
Deseo despertar.

Ahora elijo mirar de otra manera,
desde el corazón,
en mi quietud,
la profunda paz de mi comprensión.
¡Elijo ver belleza!

Eres inocente.
Soy inofensivo.
Eres inofensivo.
Soy inocente.
Veo un mundo inofensivo.

Recuerda en todo lo que percibes,
es inocente,
es inofensivo.

Y en cada persona que miras,
es inocente,
es inofensiva.

Eres inocente.
Soy inocente.
Veo un mundo inocente.

Estás recordando tu inocencia olvidada,
limpiando tu mente,
sanando tu visión.

Yo soy inocente.
Tú eres inocente.
Veo un mundo inocente.

En la inocencia reside mi seguridad.

eisi2

Enfoque de conciencia extraído de Ecología Mental (Jorge Lomar)

Aceptación no es creencia

Se suele percibir una confusión
entre discernimiento y negación,
entre rechazo y desapego,
entre aceptación y creencia de lo falso.

anec 1

 

Aceptación de lo que sucede
no es creer que la sombra es tu realidad.
Aceptar el sentir
no es creer que la fuente del dolor es verdadera.
Aceptar el presente
no es creer que tus conceptos
fabrican a Dios.
Aceptar esta experiencia
no es creer que, tal como la ves, expresa tu Ser.

La aceptación de la verdad es Identidad.
La aceptación de lo falso es no juicio, pues al aceptar la Verdad,
lo falso no puede ser temido ni rechazado,
simplemente es contemplado
como aquello que hiciste y que ya no necesitas
ni adorar ni rechazar,
pues no es.

 

anec 2

Esto es el discernimiento.
Esto es la visión.
Puro desengaño, pura liberación,
nada que puedas programar intelectualmente.
Pura experiencia,
la aceptación de lo Real.

 

Jorge Lomar (agosto 2015)

Tres gestos de 30 segundos para tu libertad

No te dejes llevar por juicios sobre lo que ha hecho (tu nombre) o lo que debería hacer. Suelta esa manera de pensar ahora mismo. Es un juicio a lo que ha pasado o a lo que pasará. Y eso es miedo. Suéltalo. Treinta segundos. Siente el silencio junto a la paz, únete a la confianza en el presente y permite totalmente todo tu pasado y todo tu futuro mediante tu permitir pleno de este momento.

30 segundos

30s 1

 

Libera al otro (sea quien sea) del mismo modo, permítele todo internamente. Entrégate a sentir que el otro es tan libre como Dios le ha hecho, totalmente libre para jugar como juega, soñar como sueña, decir lo que dice y hacer lo que hace, pensar lo que piensa… todo. Es totalmente libre, porque es el hijo de Dios contigo. Es totalmente libre porque eres tú. ¡Libérale totalmente!

30 segundos

30s 2

 

Aísla el momento presente de toda historia con tu silencio, pues si tú quieres, reconocerás que es totalmente independiente e invulnerable del pasado y del futuro. Déjate llenar de tu Ser para descubrir tu total libertad ahora mismo. El pasado no puede afectarte. El futuro tampoco. Tu voluntad de unidad es el único poder que hay. Decide total paz ahora, para que tu voluntad se una a la simplicidad, ligereza y ausencia de esfuerzo de este momento. Conócete con Dios.

30 segundos

302 3

 

Jorge Lomar (abril 2015)

Ah…. deseo

Deseo, deseo, ahhh… el deseo.
El gran repudiado, siempre cuestionado,
una y otra vez reprimido y controvertido,
aparece como el culpable de tu dolor
y a la vez,
como el guía a tu felicidad.

 ad 1

 

Siempre confuso, siempre cambiante,
como si surgiera de tu esencia
y tu, dispuesto a olvidarla,
te distrajeras en la interpretación.

Ah, deseo…
Te deseo repudiar y…
te deseo.
Todo tu camino transcurre sobre el deseo
aunque te hayan hecho renegar de él.

Escúchame bien ahora:
No hay culpa.
No hay lucha en Quien tu eres.
No hay represión, no hay control en tu Ser.
Libérate ahora
y libera al deseo de toda condena y de toda cruz.

Deseo eres tu.
Eres la voluntad de Dios,
el Ser expresándose,
el deseo sin fin.

Deseo incondicional es la vida,
es el camino,
es la verdad siendo.
Eres voluntad.
Eres deseo puro,
Vida expandiéndose.
Luz brillando.

Recibe tu deseo con inocencia.
No podrías dejarlo a un lado,
pues tu eres el deseo.
Si lo intentaras, cortarías tus alas,
soñarías con la muerte una vez más,
y te sentirás dando lo que no quieres dar,
pues deseas.
Esto es el sacrificio de tu voluntad.

No tiene sentido que luches contra tu deseo,
ni que lo clasifiques,
ni que lo juzgues,
ni que lo encierres en una oscura celda,
en la cual te ves débil y limitado.

 

ad 2

 

Atrévete a mirarle cara a cara.
No luches contra él
ni te dejes llevar
por los conceptos que su vigor
parece despertar desde el pasado.
No lo interpretes,
no corras a unirlo a tu futuro.
Profundiza en él y sabrás tanto sobre tu camino…

Deshaz todo miedo y simplemente siéntelo.
Obsérvalo tal como es…
Conócelo, permítelo, libéralo, compréndelo,
perdónalo al fin.
Siente. Pues deseo es sentir.
No lo unas a un pasado,
a un personaje o a una moral
ni mucho menos a una acción predeterminada.
No lo programes. Siéntelo. Recíbelo.
Conoce tu momento.
Libérate de los programas que tu historia
ha forjado con deseos.

Siéntelo y libérate ahora.
Deja que se extienda tu sentir
Eres libre de los programas que alteran tu deseo.
Siente tu libertad.
Deseo no es carencia,
¡Tu eres un deseo incondicional!
Sin carencia ni fin…

Eres la voluntad, el deseo de Dios,
su niño jugando,
Dios siendo un niño.

Trasciende la culpa sobre todo deseo.
Pues si el deseo se casa con la libertad,
de tal unión nace la alegría.

Estás aquí para perdonar,
dejar libre y liberar
todo deseo de ser especial,
y de tal modo comprender
que todo deseo surge de la vida,
puro y fresco,
como el viento que empuja
tus alas a la experiencia.

Perdona el deseo vuelto contra si mismo,
perdona el deseo que lucha contra el deseo,
perdona el deseo que se distrae en temores
y búsquedas sin sentido.
Perdona el deseo y suelta toda lucha.
Y por fin, déjate en paz.

 

ad 3

 

Si luchas contra tu deseo
conviertes tu expresión en tu enemiga.
Haz de tu deseo un sentir primero,
no una carencia o un concepto
sino un llamado a la expresión.

Descubre en el sentir un camino
que incluye tu deseo profundo
no como una urgencia,
no como una carencia,
o como un defecto,
no como la fabricación de un personaje,
sino como la puerta al misterio,
el camino a tu expresión,
tu relación de este momento,
con la alegría de Ser
aún en tiempo y espacio,
aun en tu historia y tu cuerpo.

No estás aquí para negarte,
sino para expresarte hasta la totalidad.
Haz de tu deseo una meditación plena,
un sentimiento incondicional,
un tranquilo abrazo al ahora que vives,
y mas allá, casi como un susurro,
el llamado de tu camino al Amor.

Todo deseo es vida.

 

Jorge Lomar (nov 2015)

Humildad: Saber que no sé

marioneta 02

Extraído de Vivir el Perdón (Jorge Lomar)

En tu avance hacia el conocimiento de lo que significa vivir el perdón, primero tomas conciencia de la necesidad de aceptar el sentir, lo cual te lleva, en cuanto es posible, a una respuesta de paz y atención ante el grito del niño interno. Yo siento. Se trata de un paulatino pero profundo entrenamiento en la renuncia a la interpretación programada del sentir, ya que siempre implica algún truco para evadir la experiencia o para hacerte sentir culpable, por mucho que prometa buscar saber. El desarrollo de la auténtica sensibilidad es un trabajo de ampliación del darte cuenta, pues te lleva a reconocer el conflicto sentido sin posibilidad de evasión pensada.

Posteriormente profundizas en la noción de responsabilidad que implica dejar de proyectar la emoción afuera, soltar el personaje de víctima y asumir la responsabilidad de las propias percepciones, interpretaciones y creencias que dan lugar al sentir. El conflicto está en tu mente. Sin embargo, antes de poder elegir un cambio de percepción, aún hay un obstáculo primordial que se interpone entre el conflicto y el perdón: la arrogancia de creer que sabes.

La ilusión de saber

El personaje vive la constante ilusión de que sabe y de que conoce las causas por las que pasan las cosas. Cree en sus sentidos, en su historia, en su percepción, en sus propias interpretaciones y en sus proyectos de futuro. Por supuesto, cree en su manera de entender lo que siente. Y además cree en la cultura, en la ciencia o en la religión, en lo que le cuentan los medios de comunicación y los expertos. Cree en el mundo, incluyendo todas sus controversias. Nunca imaginaría que la percepción colectiva está dominada por un programa de conflicto.

Al personaje, convencido de tener razón, no le gusta nada dejar de tenerla y sujeta el conflicto a base de arrogancia y orgullo por mucho que sufra y haga sufrir. La arrogancia es el sello característico del ego. Este se expande al mostrar lo que sabe, al corregir al otro, al indicarle su conocimiento. Si sabe, vale. Si sabe, es mejor. Si sabe, cuenta para los demás. Saber significa pintar algo a ojos de los demás, y esto es algo que el personaje necesita conseguir por cualquier medio. Porque se define constantemente mediante la mirada de los otros, tal como él define a los demás con el juicio y la clasificación. De hecho, para el programa conocer significa clasificar el mundo y juzgar adecuadamente cada cosa separada como deseable o despreciable.
El trabajo del perdón es exclusivamente interno, porque manejas el paradigma por el que tú eres mente y por tanto responsable de la experiencia que vives. Si bien, en el mundo de los cuerpos y lo físico, la arrogancia se puede medir por varios parámetros y conductas, si entiendes que eres mente, solo hay un criterio para detectar la arrogancia: ¿crees conocer la verdad? La arrogancia es la ilusión de saber.

Tal vez consigas aceptar lo que sientes. Incluso puedes reconocer que lo que sientes corresponde a tu propia interpretación del asunto. Aun así, al creer que tu interpretación es correcta, das validez a tu visión del mundo, por mucho conflicto que te produzca, y así no hay cabida para una nueva percepción. Eres víctima de la percepción, pues estás llamando realidad a la percepción errónea de tu interpretación condicionada.
La arrogancia pone al programa por encima del sentir e ignora la intuición fundamental de que, si me siento mal, es que percibo mal. En otras palabras, la arrogancia dice: «Sufro, pero tengo razón».

Y con tal de mantener viva la ilusión de saber, de ser una mente más correcta que la otra, de sentirte superior, el conflicto sigue sujetándote sin permitir a la luz entrar en el corazón. Y sin darte cuenta, en el calor del orgullo, estás dilatando la vida de la ignorancia y demorando el acceso a la comprensión al negarte a aprender.

La ignorancia sobrevive arropada por la arrogancia.

En medio de la arrogancia de creer que sé, me niego a aprender, lo cual significaría cambiar mi percepción. Esto solo puede suceder una vez que he reconocido que no sé. La ilusión de que sabemos la verdad y tenemos razón indica que no necesitamos aprender nada, y por tanto cerramos la puerta a nuestro maestro interno. El perdón se estanca ante la mente que no sabe que no sabe.

¿Qué se yo?

Bien, ¿y qué sabemos? Miremos por un momento más allá del saber programado y dejemos a un lado todas las ilusiones.
Durante siglos creímos que la tierra era plana. Cuando descubrimos que era redonda, pensamos que el sol y las estrellas giraban en torno a ella. Hoy se sabe que los sentidos nos engañan y que la materia es solo una forma de percibir ondas de información. Las explicaciones que la ciencia da sobre los fenómenos varían cada pocos años, durante los cuales asegura que son ciertas. Pasado ese tiempo, una nueva teoría barre con todo lo anterior y da la impresión de que por fin se ha hallado la explicación. No sabemos nada.

Los economistas presumen de conocer las causas del pasado para poder seguir vendiendo prospecciones de futuro. No importa que acierten a veces y a medias, el negocio de la venta de seguridad siempre funciona. Todos los expertos creen conocer las causas de lo que pasa en el mundo, pero siempre de acuerdo con su propio marco teórico, es decir, dentro de un sistema de pensamiento que hay que aceptar como verdadero aunque se base tan solo en teorías. ¿La evolución de las especies? ¿El big bang? ¿La gravedad? Teorías basadas en observaciones interpretadas según cierto marco de conocimiento concreto. Las verdaderas causas de todo siguen siendo un misterio. No sabemos nada.

No sabemos quiénes somos. La filosofía se ha hecho esta pregunta desde el origen de los tiempos, cambiando sus elucubraciones una y otra vez como van y vienen las olas en el mar. El hecho de hacerse esta pregunta tan insistentemente revela la tremenda confusión que existe al respecto. No sabemos por qué estamos aquí. No sabes porqué tu padre es tu padre, porqué has nacido donde has nacido ni por qué precisamente esta persona fue tu pareja y luego se fue. No sabes por qué enfermas, ni siquiera sabes porqué el cuerpo se deteriora y muere. No sabemos el propósito de nada.

La causa de las cosas

Los niños viven una etapa en la que el mundo los sorprende y desean conocer las causas de las cosas. Durante este periodo, ellos saben que no saben, y, por tanto, preguntan constantemente. Por ejemplo, un niño te pregunta: «¿Por qué llueve?». Tú, como adulto que sabe, te sientes honrado por poder iluminarlo. Y le contestas con mucha seguridad y cierta altanería: «Llueve debido a las nubes. El agua de las nubes se condensa y cae, produciendo la lluvia». Pero al niño no le basta esta pequeña explicación. Entonces hace otra pregunta: «Sí, pero ¿por qué hay nubes?». Bueno, ha llegado el momento de deslumbrarlo con tu conocimiento científico: «Verás, hay algo llamado evaporación. Debido al calor del sol, el agua del mar se evapora y se forman las nubes». Esto es algo que te contaron a ti cuando eras pequeño, estás seguro de que es verdad y de que ahora la explicación está completa. Sin embargo, el niño no piensa lo mismo: «Ya, pero ¿por qué sucede la evaporación?». Vaya, la cosa se complica en este punto. Ahora ya no estás tan seguro de poder acertar con una respuesta, pero mejor será decir algo, pues, de otro modo, ¿qué va a pensar de ti? «Bueno, en el mundo hay leyes naturales que hacen que todo funcione». «¿Ah, sí? ¿Y por qué hay leyes naturales? Y otra cosa: ¿y por qué fallan cuando hay sequía?». «No sé, la verdad es que no sé».
Gracias a la ayuda de una mente que no se conforma con la explicación programada, has podido reconocer que no sabes por qué llueve. Pero creías saberlo. Si no conoces las causas previas a la que tú crees que es la causa de algo, en realidad no sabes la causa. Y como en realidad ignoras la causa del universo, no conoces la causa de nada.

Has llegado a descubrir algo que es obvio, pero que, debido a la arrogancia del ego, está sumamente escondido. El conocimiento del mundo no es otra cosa que ignorancia y confusión, un apaño constante para seguir adelante en el laberinto de prueba y error.
El conocimiento del mundo promete hacerte feliz, pero no lo hace. Solo el conocimiento de ti mismo te puede hacer feliz. Y el falso conocimiento programado tiene precisamente la función de esconder el conocimiento de tu realidad. Por ello, todo el conocimiento del mundo se basa en que eres un cuerpo en un mundo de cuerpos, mientras que el autoconocimiento se basa en que eres mente.

El oculto mundo de las causas

Si tú eres mente que experimenta, ¿dónde pueden estar las causas de lo que experimentas sino en ti mismo? Las causas de todo lo que percibes están en la mente. Sin embargo, resulta evidente que no conoces las causas de nada. Y esto es así porque todas las causas del mundo que percibes están separadas del consciente y muy bien escondidas en el subconsciente. Simplemente no puedes conocer las causas de las cosas, porque todo lo que experimentas en el consciente brota desde el subconsciente colectivo. Y por ese motivo todas tus explicaciones terminan siendo ingenuas, incompletas o transitorias. Tu percepción es dramáticamente incompleta y selectiva. Es imposible conocer todos los factores que se extienden desde tu pequeña percepción hasta los confines del universo. El consciente está tan separado del inconsciente que incluso se te olvida que este existe, y crees que lo que ves son causas, cuando solo son efectos.

Todo lo que veo solo son efectos.

El mundo de lo perceptible es siempre un efecto del inconsciente colectivo. Las verdaderas causas están escondidas. Para operar en las causas necesitas ayuda, pues tú no sabes nada. Ni siquiera sabes que no sabes. Saber que no sé es la manera de aprender a aprender.

No sé

que Se yoEl momento en que reconoces profundamente que no sabes es un instante de pura desprogramación en el cual te liberas del pasado, de la cultura, de la genética, de toda tu historia y de todas las historias del mundo. Es la vivencia consciente de la liberación del programa perceptivo que aprisiona tu conciencia desde el inconsciente colectivo.

Lo que llamamos el consciente es conciencia aprisionada por el inconsciente.

Di no sé, respira y siente. No sé. No importan estas dos palabras. Lo que verdaderamente importa es el instante de presencia descondicionada al que te lleva esta práctica. Un instante liberador en donde el tiempo no pesa.
Puede ser que al principio te digas: «¿Cómo no voy a saber? ¡Tengo que saber!». Esta es una defensa habitual del programa, ya que no le gusta nada que juegues a cuestionarlo. Te hace creer que sin él tú no puedes estar seguro. Sin embargo, fíjate bien en lo que te estoy diciendo. Has reconocido desde el fondo de tu conciencia y con la máxima honestidad que en realidad no sabes algo que creías saber. Por tanto, no se trata de que tengas o no que saber, sino de la verdad sobre lo que sabes. El sentir de liberación proviene precisamente de que te das cuenta de que la verdad es que no sabes. ¡Te has liberado de una ilusión! Ahora reconoces que es la ignorancia la que verdaderamente te aprisiona, disfrazada de falso conocimiento.
Mi no saber era en sí mismo conocimiento del hecho de que todo conocimiento es ignorancia, de que «yo no sé» es la única afirmación verdadera que la mente puede hacer.

Desde la mente programada, cuando vislumbras que no sabes, te asustas mucho ante lo desconocido, pues, según el sistema de pensamiento basado en el miedo, sientes que, sin conocimiento, sin estrategia y sin precedentes, no puedes controlar la situación y por tanto te encuentras indefenso ante el peligro.
La mente programada prefiere suponer, adivinar, indagar, investigar, hacer hipótesis o pedirlas a los demás, comprar seguridad o fabricarla, lo que sea antes que reconocer que no sabe. Considera preferible vivir de ilusiones a vivir el pánico de perder el control. Es lógico, pues ignora lo que es la comprensión. No puede entender que, precisamente, uno ha de reconocer que no sabe para abrirse a saber de verdad.

La culpa por no saber

¿Y por qué vas a saber? Has hecho caso a tus sentidos que están diseñados para mostrarte lo que el programa quiere que veas; has hecho caso a una cultura sometida al programa; has tenido profesores que no sabían, padres que no sabían, amigos que no sabían. ¿Por qué tendrías que saber? Es perfectamente normal que no sepas. Al reconocer que no sabes, das un gran paso hacia la sabiduría. Como reza el famoso dicho zen: «Has de vaciar la taza».

Por tanto, no hay culpabilidad alguna en no saber, por mucho que el programa al principio te quiera hacer creer que tienes que saber. Es absurdo tener que saber cuando uno se da cuenta honestamente de que no sabe, y resulta arrogante inventarse una respuesta solo por no reconocer que no se sabe. Toda suposición, invención o adivinanza es una falta de responsabilidad derivada del temor a no saber.
Como el programa es la perspectiva del ego y, por tanto, la perspectiva de la soledad, uno ha de saberlo todo, ya que el «conocimiento es poder», y has de saberlo tú antes que los demás… ¡Lo sepas o no! Si no lo sabes, es de vital importancia que investigues urgentemente. Pregúntale al dios Google, a tus amigos, a los expertos, al programa de televisión, a la enciclopedia… Investiga para borrar este miedo a no saber. La peligrosa vida está ahí afuera y, si te demoras en preparar tu defensa, te puede aplastar.

Es cierto que la ignorancia es peligrosa, aunque solo bajo el punto de vista de que hace sufrir. Pero el programa no puede enseñarte qué es la ignorancia, ni mucho menos que el miedo es ignorancia, pues estos son los fundamentos que lo rigen a él mismo. No puede atribuir el sufrimiento a su misma razón de ser, ya que entonces lo abandonarías. Al contrario, te impulsa a buscar la causa del dolor en algo externo que hay que investigar. La constante competición contra la vida y contra los demás hace del aprendizaje un tenso y serio asunto de supervivencia y seguridad. Para el programa, la tensión es atención y el miedo es necesario como motivador.

Reconoce que no sabes y regresa al presente. No sé. No tengo por qué saber.
Vivo en el inconsciente; saberlo es humildad.
La humildad solo puede proceder de la confianza en el Ser. Esta confianza es la que invoca a tu maestro interior. Tu fe en la comprensión, tu confianza en la vida, te une al recuerdo de tu realidad. Has pasado de una mentalidad a otra. En lugar de creer en el profesor de la locura, ahora estás entregado dulcemente al maestro del amor.

Por Jorge Lomar. Extraído del libro «Vivir el Perdón»